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Fiscalización estatal y responsabilidad (social) corporativa

Durante esta semana hemos sido testigos de una dinámica usual en una economía social de mercado. Mientras el periodismo de investigación denuncia graves infracciones a la regulación existente sobre composición nutricional de los alimentos, la opinión pública inmediatamente asocia su ocurrencia con un déficit de fiscalización de la autoridad correspondiente. Se trata prácticamente de un acto reflejo, al punto tal que el primer actor en salir a confrontar públicamente estas denuncias fue el propio Ministro Mañalich para defender la labor fiscalizadora de su cartera.

No es necesario ser un especialista en crítica cultural para notar lo curiosa que resulta esta dinámica. Frente a las graves denuncias realizadas por el programa Contacto, en un Estado constitucional de Derecho a los primeros que se les debiera exigir explicaciones (o disculpas) públicas son a los propios responsables de cumplir con la normativa. Lo contrario tiende, por una parte, a institucionalizar (y por tanto en algún grado legitimar) el imaginario social de que es razonable esperar que algunas compañías actúen auto-interesadamente infringiendo la ley cuando no exista una fiscalización adecuada y, por otra, a promover una política pública de cumplimiento regulatorio fundada exclusivamente en la represión.

El cambio cultural es necesario no solo por los costos fiscales y sociales que esta tendencia conlleva, sino también por razones no instrumentales. En un régimen democrático, el Derecho expresa nuestras expectativas recíprocas sobre la forma en que debe desarrollarse la vida en común y por tanto los destinatarios de sus normas debieran ser los principales responsables ante la ciudadanía de brindarles leal cumplimiento, especialmente cuando se trata de compañías que producen bienes sensibles para la población o prestan servicios de interés general. Considerando que nuestra reciente experiencia demuestra cómo esta dinámica se ha estado replicando en otros mercados, tomar conciencia al respecto parece ser el primer paso terapéutico hacia la rehabilitación.

(Carta originalmente publicada en La Tercera).

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